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Yamaha TT 500, Yamaha vuelve a revolucionar el concepto del off-road

Situándonos en contexto, a principios de la década de los años 70, Yamaha ya era una seria opción de compra en el sector de las motocicletas off-road. Sus ligeras motocicletas de dos tiempos, en lo que consideramos hoy en día pequeñas cilindradas, eran las preferidas por quienes disfrutaban de la moto en el campo y en el desierto. Con pequeñas modificaciones, también resultaban motos ganadoras en diferentes tipos de competiciones, tanto amateur como profesionales.

Pero en Yamaha sabían que los tiempos cambian. Las normas de contaminación, cada vez más severas en sus principales mercados de ventas, hicieron ver que el futuro de los motores de dos tiempos cada vez sería menos viable, al ser cada vez más difícil y costoso adaptarlos a estas normas.

Por otro lado, la cada vez mayor y más diversificada oferta de motocicletas en el mercado hizo que las motos de dos tiempos se convirtieran en máquinas más especializadas, que requerían manos más expertas para exprimirlas y un mantenimiento mucho más alto y específico.

La solución estaba en empezar a construir motocicletas que dieran las mismas prestaciones y sensaciones, con mucha mayor fiabilidad, sencillez de manejo y mantenimiento contenido, pero con mecánicas de cuatro tiempos.

Los motores de cuatro tiempos resultaban más pesados y de menor potencia específica, lo que llevaba a tener que diseñar una motocicleta de mayor cilindrada y peso que las existentes hasta ese momento. Pero entre sus virtudes destacaban una banda de potencia más plana y utilizable, alta fiabilidad mecánica, mejor economía de consumo y menor mantenimiento. Y, por supuesto, era mucho más fácil superar con ellos las normas anticontaminación cada vez más restrictivas.

De esta manera, en 1976 Yamaha presentó tres motocicletas propulsadas por un mismo motor: un monocilíndrico de cuatro tiempos SOHC de dos válvulas, cárter seco y 499 cc. Fueron las SR 500, XT 500 y TT 500: una moto de calle, una dual-sport y una off-road.

Las dos primeras fueron rápidamente una seria opción de mercado, sobre todo la XT 500, que supuso una revolución en el concepto de las motocicletas de doble propósito inaugurando el concepto trail, todo un icono para la marca. Pero nos centraremos en su hermana, la TT 500, una auténtica motocicleta para el uso exclusivo en campo que no estaba homologada para circular por vías públicas.

Yamaha TT 500: una off-road pura nacida para competir

La TT 500 no llevaba ningún equipamiento necesario para circular por la calle: no llevaba luces, intermitentes, claxon, batería ni todo el sistema eléctrico necesario. Fue pensada principalmente para su uso en el floreciente mercado americano de carreras de enduro y de pruebas de larga distancia por el desierto. Sin todo lo superfluo para la competición, era más ligera y estaba más enfocada al rendimiento off-road que su hermana, la XT 500.

En la TT 500, al no existir arranque por batería, este se realizaba por patada fácilmente gracias a un sistema de descompresión. Su simpleza mecánica, al no llevar refrigeración líquida ni sistemas eléctricos, hacía de su motor un elemento muy fiable, de fácil reparación y puesta en marcha en mitad de una competición.

El motor entregaba 27 CV a 6.500 rpm y tenía una formidable entrega de par desde bajas revoluciones. El uso del sistema de cárter seco, almacenando el aceite del motor en el tubo principal del chasis, ayudaba a disipar el calor del motor, reducía la altura del mismo dando lugar a una mayor altura con respecto al suelo de la moto y reducía al mínimo la posibilidad de fugas de aceite por golpes.

Su buena entrega de potencia desde bajas revoluciones permitía a los pilotos de la época traccionar con facilidad en terrenos sueltos, arena y barro. Con estas características, Yamaha demostró que la TT 500, con su más pesado motor, podía luchar contra motocicletas de dos tiempos mucho más ligeras.

A nivel ciclo, la TT 500 se diseñó con el objetivo de soportar el maltrato de las competiciones de enduro, cross y carreras por el desierto tan populares en su época. El chasis era de cuna simple desdoblado en acero al cromo-molibdeno, llevaba una horquilla convencional delantera Kayaba y una pareja de amortiguadores regulables de la misma marca. El basculante, en las primeras series, era una unidad de acero que posteriormente fue cambiada por otra en aluminio de sección rectangular.

Destacaba en su equipamiento de serie el uso de llantas de aluminio High-End con aros de aluminio Takasago Excel, muy cotizados por su ligereza y resistencia a los impactos contra piedras, agujeros y zanjas en el desierto.

A lo largo de su producción, desde 1976 a 1981, sus suspensiones fueron evolucionando. Primero fueron cortas y duras, al estilo de la época. Posteriormente crecieron en recorrido y se suavizaron, las barras de la horquilla delantera crecieron en diámetro y los amortiguadores traseros se inclinaron hacia adelante, mediante el sistema Lay-Down, para conseguir mayor recorrido útil y absorber mejor los impactos a alta velocidad.

El legado de la Yamaha TT 500 en la historia del off-road

El legado de la Yamaha TT 500 ha ido mucho más allá de haber sido una gran moto de campo en los años 70. Cambió las reglas del juego en la industria y demostró que los motores de cuatro tiempos aún tenían un lugar en el motociclismo off-road, dominado en ese entonces por las ruidosas y ligeras motos de dos tiempos.

Antes de la TT 500, los grandes monocilíndricos de cuatro tiempos, llamados popularmente thumpers por su característico sonido de motor, se consideraban reliquias británicas pesadas y propensas a perder aceite. Yamaha demostró que se podía construir un motor de cuatro tiempos moderno, totalmente confiable y que no tiraba una sola gota de aceite, iniciando una era dorada para este tipo de motores.

La TT 500, y sus hermanas XT y SR 500, cambiaron la identidad, la estrategia comercial y el ADN de ingeniería de Yamaha, modificando la visión general de la marca como un fabricante especialista en pequeños motores de dos tiempos para convertirla en un serio fabricante de motores de cuatro tiempos de alta cilindrada.

Y la TT, en particular dentro del segmento off-road, creó el sello de Yamaha de fabricar motores sencillos e indestructibles, y fue el punto de salida del sello Ténéré de Yamaha tras la creación en 1983 de la XT 600.

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