el legado de la RZ201

El legado oculto de la RZ201, reciclaje de tecnologías

A finales de los años 60 existió un movimiento entre los principales fabricantes de automóviles que también salpicó al mundo de las motocicletas. En aquella época se pensaba que el nivel de desarrollo tecnológico de los motores de pistones convencionales estaba llegando al final de su carrera y que los motores con cámaras de combustión rotativas, conocidos como motores de ciclo Wankel, podían representar el futuro.

Estos motores prometían varias ventajas importantes: estaban prácticamente libres de vibraciones, eran más ligeros y ofrecían una entrega de potencia totalmente lineal. Ante esta posible nueva etapa tecnológica, Yamaha no quiso quedarse fuera y puso en marcha un plan para desarrollar su propio motor Wankel.

Pensando en los costes del proyecto y con el objetivo de contar con los mejores expertos en motores rotativos, Yamaha buscó una alianza tecnológica con Yanmar Diesel, una compañía japonesa especializada en maquinaria marina y agrícola. Yanmar ya poseía la costosa licencia oficial de patentes de la empresa alemana NSU, creadora del motor Wankel, lo que permitía a Yamaha acceder a una base técnica muy avanzada para desarrollar su propio proyecto.

Finalmente, en 1972 Yamaha presentó un prototipo de su futura motocicleta con motor Wankel: la RZ 201. Era una moto totalmente funcional y, en teoría, preparada para entrar en producción de forma inmediata. Sin embargo, eso nunca ocurrió. Los pocos modelos montados fueron desguazados, y sus componentes, planos y tecnologías quedaron guardados bajo el mayor secreto.

El motivo principal fue la crisis del petróleo de 1973. La enorme subida del precio de los combustibles hizo inviable la comercialización de una motocicleta con un alto consumo de gasolina y aceite, uno de los puntos débiles de los motores rotativos. Además, el rozamiento de las esquinas de los rotores triangulares provocaba un desgaste prematuro, lo que generaba consumo de aceite y un rendimiento irregular del motor.

La historia del desguace de las RZ 201 y el destino de su tecnología se convirtió en uno de los secretos industriales mejor guardados de Yamaha. Estuvo marcada por la paranoia competitiva de los años 70 y por un brillante proceso de reciclaje de patentes y soluciones técnicas. Con el paso de los años, cuando la tecnología del motor rotativo dejó de ser tan relevante, algunos de esos secretos comenzaron a conocerse.

El proyecto Wankel de Yamaha y la destrucción de la RZ 201

La destrucción física de los prototipos de la Yamaha RZ 201 respondió a una estrategia de seguridad industrial. Yamaha quería evitar que otros fabricantes pudieran acceder a los restos de las motos destruidas y copiar soluciones técnicas desarrolladas durante el proyecto. Por este motivo, los motores y chasis fueron destruidos en las propias prensas hidráulicas de la fábrica de Iwata.

Aunque el proyecto Wankel murió antes de llegar a producción, los conocimientos adquiridos no se perdieron. La experiencia en dinámica de fluidos, gestión térmica, materiales y control de gases se fragmentó y se aprovechó en diferentes modelos comerciales durante las décadas siguientes.

También se reutilizaron distintos elementos mecánicos desarrollados inicialmente para la RZ 201. De hecho, la decisión de desechar la motocicleta por su elevado consumo terminó impulsando una nueva línea de trabajo centrada en la eficiencia.

El esfuerzo por optimizar el consumo, especialmente tras la crisis del petróleo, dio lugar al sistema YICS, siglas de Yamaha Induction Control System. Este sistema introducía la mezcla de aire y combustible de forma turbulenta en los cilindros, logrando una combustión más eficiente y aprovechando mejor cada gota de gasolina.

Gracias a esta tecnología, Yamaha consiguió desarrollar una de las gamas de motores de cuatro tiempos más eficientes y duraderas a partir de mediados de los años 70. Lo que había nacido como una necesidad dentro de un proyecto fallido terminó convirtiéndose en una ventaja técnica para sus modelos de producción.

Para el desarrollo de la RZ 201, Yamaha utilizaba la parte ciclo del modelo TX 750. Todo el aprendizaje sobre cómo hacer que una motocicleta pesada y potente como la RZ 201 fuera estable en curva se transfirió directamente a la mejora de los chasis de la gama de turismo de cuatro tiempos de la marca. Ese conocimiento ayudó más tarde al desarrollo de modelos como la exitosa tricilíndrica XS 750.

Otro de los grandes desafíos del motor Wankel era la falta de freno motor. Para solucionarlo, Yamaha diseñó un complejo sistema de válvulas y mariposas secundarias en los colectores de admisión, cuyo objetivo era estrangular el paso del aire y de los gases. Este fue uno de los mayores secretos tecnológicos de la RZ 201.

Esa obsesión por controlar los flujos de gases con precisión milimétrica sirvió después para perfeccionar el diseño de las cajas de láminas de admisión en sus motores de dos tiempos de calle. Este trabajo culminó en el conocido sistema Torque Induction de las gamas RD y DT, que permitió que las motocicletas de dos tiempos ofrecieran potencia en bajas revoluciones y no solo a alto régimen.

El reciclaje tecnológico de la RZ 201 en futuras Yamaha

Yamaha invirtió millones en investigar aleaciones y recubrimientos electroquímicos para endurecer el aluminio de las cámaras triangulares del motor Wankel. Esta tecnología metalúrgica sentó las bases para el desarrollo del cromado interior de los cilindros, primero en sus motos de cross de competición de la gama YZ y posteriormente en motores de alto rendimiento de cuatro tiempos.

Gracias a estos avances, Yamaha pudo reducir las fricciones internas a niveles mínimos y mejorar tanto la durabilidad como el rendimiento de sus motores. Una solución nacida para intentar resolver los problemas de un motor rotativo terminó siendo útil en modelos muy diferentes dentro de la marca.

Otro de los grandes problemas del motor Wankel era el calentamiento en el centro de los rotores. Para solucionarlo, Yamaha diseñó el sistema CCR, siglas de Charger Cooled Rotor. Este sistema, a través de los carburadores, inyectaba de forma muy precisa una cantidad de aceite mezclada con la gasolina para enfriar el centro del rotor sin ahogar el motor.

El desarrollo del sistema CCR obligó a Yamaha a crear bombas de engrase electrónico con una precisión milimétrica, muy superiores a lo que existía en aquella época. Esta tecnología de bombeo ultra preciso se adaptó después directamente al sistema Autolube de las motocicletas de dos tiempos de Yamaha.

Gracias a esta evolución, las motocicletas de dos tiempos de la marca pudieron quemar únicamente el aceite justo y necesario para su correcto funcionamiento. Esto permitió reducir emisiones contaminantes, mejorar la eficiencia y garantizar la integridad mecánica del motor.

Como hemos podido ver, la tecnología y las enseñanzas del fallido proyecto Yamaha RZ 201 no cayeron en saco roto. Aunque la motocicleta nunca llegó a producción, su desarrollo dejó una herencia técnica muy importante dentro de Yamaha.

Mediante una serie de reciclajes tecnológicos impecables, muchas de las soluciones creadas para la RZ 201 se adaptaron a otras motocicletas, motores y usos. Lo que comenzó como un intento de entrar en la era de los motores Wankel terminó impulsando avances clave en eficiencia, estabilidad, admisión, lubricación, metalurgia y rendimiento.

El legado oculto de la RZ 201 demuestra que incluso los proyectos cancelados pueden marcar el futuro de una marca. En el caso de Yamaha, aquella motocicleta rotativa que nunca llegó al mercado se convirtió en una fuente de conocimiento que ayudó a mejorar sus modelos durante las décadas siguientes.

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